Celebramos hoy la
Solemnidad de la Transfiguración del Señor; y nuestro país, El Salvador, se
alegra y se honra de celebrar a su Patrono de quien, orgullosamente tomamos
nombre: El Divino Salvador del Mundo.
Hoy, Jesús, sube el
Monte Tabor con tres de sus discípulos, sus amigos más íntimos: Pedro, Santiago
y Juan y, después de orar se transfigura delante de ellos; les hace ver su
gloria, la misma que tendrá después de la Resurrección y de la cual la Iglesia,
Cuerpo de Cristo, glorificada, espera con la certeza de la fe, participar en su
encuentro definitivo con Cristo.
Pedro, ante la majestad
de Cristo glorioso quisiera hacer tres chozas: una para Jesús, otra para Moisés
y otra para Elías. La maravilla y el encanto que la gloria de Dios irradia, hacen brotar del corazón de Pedro un
deseo de permanecer en la montaña, en eterna contemplación. Y es en ese momento
cuando una nube les envuelve y escuchan la voz del Padre Eterno que dice: Este es mi Hijo muy amado, ¡escúchenlo!;
Y la escucha inmediata consiste en el asentimiento interior de no quedarse en
la montaña, sino de bajar del monte a encontrarse con aquello de lo cual Moisés
y Elías conversaban con Jesús: la pasión, la cruz, la muerte…
Celebrando hoy nuestras
fiestas patronales nacionales, es menester que también nosotros nos sintamos
amonestados con el imperativo del Padre Eterno: ¡Escúchenlo!; se trata de una escucha que no es lo mismo que un
simple oír palabras, sino escuchar atentamente para poner en práctica.
Hoy también nosotros
debemos bajar con la alegría y la fuerza del Transfigurado a la realidad que
hay al pie del Tabor de nuestra sociedad: inconstitucionalidad de nuestro país,
delincuencia a altos niveles y de todo tipo, políticas de poder y no de
servicio, soberbia exacerbada revestido de orgullo egoísta, etc., etc., y un
largo etcétera que cada uno puede completar con una lista interminable de
realidades que hoy, más que nunca, exigen de nosotros cristianos una respuesta
de esperanza que nace de una fe práctica.
Divino
Salvador del mundo: ¡Salva nuestra Patria que lleva tu Nombre! Sálvala de la
delincuencia, sálvala de políticas de poder y no de servicio, sálvala de los
ataques a la institución familiar, sálvala de aquellos que promueven ideologías
en contra de la vida, sálvala de la corrupción económica que no permite el
desarrollo de nuestros pueblos, sálvala de la comodidad en la ignorancia, sálvala
de ser indigna de llevar Tu Nombre…
















