Roma, Domingo 17 de Febrero de 2013
"Viva el
papa" y "Benedicto, Benedicto" fueron los gritos de los fieles
que, desde varias horas antes del mediodía, esperaban la aparición en la
ventana de su apartamento del santo padre, quien presentaba buen aspecto
físico, aunque en algunos momentos su tono de voz era bajo.
"Agradezco de corazón a todos su oración y
afecto en estos días. Os suplico que continuéis rezando por mí y por el próximo
papa, así como por los ejercicios espirituales, que empezaré esta tarde junto a
los miembros de la Curia Romana", afirmó en español.
El pontífice hizo
votos para que en este tiempo de Cuaresma la contemplación de la pasión, muerte
y resurrección de Cristo ayude a los fieles a seguir más de cerca a Cristo,
subrayó que la Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia y que la Iglesia
"llama a todos sus miembros a renovarse y a renegar del orgullo y del
egoísmo y vivir en el amor".
La Cuaresma,
prosiguió el papa, es un tiempo favorable para descubrir de nuevo la fe en Dios
y para luchar contra el espíritu de mal, "que se opone a la santificación
de los hombres".
Benedicto XVI
exhortó a los fieles a no instrumentalizar a Dios para sus propios beneficios,
"dando más importancia al éxito y a los bienes materiales" que a Él.
"El tentador
(el diablo) es un falso, no empuja directamente hacia el mal, sino hacia un
falso bien, haciendo creer que lo que importa es el poder y lo que satisface
las necesidades primarias. En ese contexto, Dios pasa a ser secundario, queda
reducido a un medio y definitiva pasar a ser irreal, no cuenta más y
desaparece", manifestó.
El papa animó a los
fieles a no tener miedo para afrontar las tentaciones y combatir "contra
el espíritu del mal" y que lo importante es que el hombre lo haga
"junto a Cristo".
Los presentes
dedicaron una gran ovación que duró varios minutos al papa.


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