miércoles, 13 de febrero de 2013

La penúltima Audiencia del Papa B-XVI


Roma, Miércoles 13 de Febrero de 2013

Un espléndido sol brilla sobre Roma. Apenas inicia la mañana y  ya una larga fila de personas intenta ingresar a la Magna Aula Pablo VI, donde el Papa tendrá la que será su penúltima audiencia de los miércoles. El personal vaticano espera solo unas tres mil quinientas personas, pero de pronto, un mar incontenible se agolpa al “cancello” de la Piazza del Santo Ufficio. Son más de ocho mil personas… sin embargo, la agenda ya estaba fijada y la Audiencia se tendrá de todos modos en la gran Aula.

Ya adentro, todas las miradas atentas, los oídos bien abiertos, murmullo a sottovoce, cámaras, grabadoras, etc. Un extraño silencio reina entre todos los presentes, todos estamos en pie, esperando al Papa, nuestro Papa. Y he aquí que, justo poco antes de las 10:40, al son de una allegre sonata de piano forte, entra el Santo Padre y se dirige a la Sede entre los aplausos de la gente que llenan la sala.

Inicia la Audiencia como de costumbre: con el saludo litúrgico “In nomine Patris…. Pax Vobis…”. En Seguida se proclama el Evangelio según San Lucas, en los diferentes idiomas; es el pasaje sobre las tentaciones en el desierto. Terminada la proclamación del Evangelio a las primeras palabras del Santo Padre, un sonoro aplauso lo interrumpe y no tiene opción que callar, sonreír y agradecer. En pocas palabras vuelve a decir la ya desgarradora noticia e insiste que es por el bien de la Iglesia. Agradece los aplausos y las continuas oraciones de las cuales, particularmente en estos días, ha sentido la fuerza. Invita a continuar orando porque a fin de cuentas es el Señor quien guía la Iglesia, invita a orar por el nuevo Pontífice. He aquí las palabras del Papa:


         "Queridos hermanos y hermanas, como sabéis he decidido renunciar al ministerio que el Señor me confió el 19 de abril de 2005. He hecho esto con plena libertad y por el bien de la Iglesia, tras haber rezado durante mucho tiempo y haber examinado ante Dios mi conciencia, bien consciente de la gravedad de este acto, pero también consciente de no ser ya capaz de llevar a cabo el ministerio petrino con la fuerza que éste requiere. Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, el Cual no le hará faltar nunca su guía y su cuidado. Doy las gracias a todos por el amor y la oración con que me han acompañado. He sentido casi físicamente en estos días para mi no fáciles la fuerza de la oración, que el amor de la Iglesia, vuestra oración, me trae. Seguid rezando por mí, por la Iglesia, por el futuro Papa. El Señor nos guiará".

Después de esta breve introducción cargada de razones concisas sobre su decisión, sopesada seriamente en la oración, inicia la Catequesis correspondiente a ese miércoles. El tema es la Cuaresma, que iniciamos justo hoy, miércoles de Ceniza.

Reflexiona a partir del pasaje evangélico escuchado. Explica qué es el desierto; explica las tres tentaciones y el desafío que para nosotros representan: las tentaciones nos desafían a preguntarnos siempre “¿Qué cuenta verdaderamente en mi vida?”. Luego explica qué significa convertirse y presenta el desafío de ser cristianos en la cultura actual, con todas las pruebas que acechan. Para reforzar esto, reclama la atención de las grandes figuras históricas y actuales que han hecho un camino de conversión.

Finalmente, invita a vivir el tiempo de cuaresma al interno del Año de la Fe, como apertura a Dios, cuyo primado debe regir nuestra existencia cotidiana. Y así, termina con su ya conocido “Grazie!”. Y le sigue un largo aplauso con grandes exclamaciones que expresan la gratitud y cercanía al Papa, quien acoge a todos con una sonrisa serena.

Sigue la presentación de los diversos grupos de peregrinos provenientes de todo el mundo, a quienes el Papa ofrece una síntesis de la Catequesis, en su propia lengua: francés, inglés, alemán, español, portugués, árabe, polaco, croata, eslovaco y finalmente en Italiano. Agradece a todos por los cantos, las muestras de cariño, la presencia y las oraciones. Termina con el Pater noster y la bendición apostólica. Y de nuevo un interminable aplauso y exclamaciones de las más de ocho mil personas en aula.


Y ahora… a prepararnos para la “última gran celebración litúrgica del Papa: Miércoles de Ceniza” que no será más en la Iglesia de Santa Sabina, en el Aventino, como siempre había sido, sino en la Basílica de San Pedro, a las 5:00 pm. 

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