jueves, 7 de febrero de 2008

ESTRUCTURA FUNDAMENTAL DE LA MISA


La estructura fundamental de la Eucaristía, desde el principio de la Iglesia, ha sido siempre la misma. Como en la última cena[1], siempre la Eucaristía ha celebrado primero una liturgia de la palabra, seguida de una liturgia sacrificial, en la que el Cuerpo de Cristo se entrega y su Sangre se derrama; y este banquete, sacrificial y memorial, se ha terminado con la comunión.



Pues bien, aquí nosotros analizaremos la celebración eucarística en su forma actual, que ya haya antecedentes muy directos en la segunda mitad del siglo IV, cuando la Iglesia – tras la conversión de Constantino, obtenida ya la libertad cívica – va dando a su liturgia formas comunitarias y públicas más perfectas.
Examinemos, pues, la Misa en sus partes fundamentales:
I. Ritos iniciales
II. Liturgia de la Palabra
III. Liturgia del Sacrificio
IV. Ritos de conclusión

I. RITOS INICIALES: La finalidad de estos ritos es hacer que todos los fieles reunidos constituyan una comunidad, y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía[2].



Esta es la primera parte de la Misa y comprende los siguientes pasos:
- Canto y entrada del celebrante
- Veneración del altar
- La Trinidad y la Cruz
- Saludo del celebrante y respuesta de la asamblea
- Acto penitencial
- Señor, ten piedad
- Gloria a Dios
- Oración colecta

CANTO Y ENTRADA DEL CELEBRANTE: Ya en el siglo V, en Roma, se inicia la Eucaristía con una procesión de entrada, acompañada por un canto. Hoy, como entonces, el fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido, y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta[3].

Nuestra posición es estar puestos en pie desde que finaliza la monición y empieza el canto de entrada hasta el momento de la proclamación de la palabra.


VENERACIÓN DEL ALTAR: El altar es, durante la celebración eucarística, el símbolo principal de Cristo. Del Señor dice la Liturgia que es para nosotros sacerdote, víctima y altar[4]. Y evocando, al mismo tiempo, la última cena, el altar es también, como dice San Pablo, la mesa del Señor[5].
Por eso, ya desde el inicio de la Misa, el altar es honrado con signos de suma veneración: cuando han llegado al altar, el sacerdote y los ministros hacen la debida reverencia, es decir, inclinación profunda… el sacerdote sube al altar y lo venera con un beso. Luego, según la oportunidad, inciensa el altar rodeándolo completamente[6].

El pueblo cristiano debe unirse espiritualmente a éstos y a todos los gestos y acciones que el sacerdote, como presidente de la comunidad, realiza a lo largo de la Misa.

LA TRINIDAD Y LA CRUZ: Con este formidable Nombre Trinitario, por el cual fue creado el mundo y por el que nosotros nacimos en el Bautismo a la vida divina, se inicia la celebración eucarística. Los cristianos, en efecto, somos los que invocamos el nombre del Señor[7]. Y lo hacemos ahora, trazando sobre nosotros el signo de la cruz, de esa cruz que va a actualizarse en la Misa. No se puede empezar mejor.

Todos se santiguan en silencio, excepto el celebrante.
Solamente el Sacerdote dice: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
El pueblo responde: Amén
La palabra Amén es, quizá, la aclamación litúrgica principal de la Liturgia cristiana, procede de la Antigua Alianza[8] y, según los diversos contextos, significa así es, esa es la verdad, así sea.



SALUDO: El Señor nos lo aseguró: Donde dos o tres estén congregados en mi Nombre, allí estoy Yo presente en medio de ellos[9]. Y esta presencia misteriosa del Resucitado entre los suyos se cumple especialmente en la asamblea eucarística. Por eso el saludo inicial del sacerdote, en sus diversas fórmulas, afirma y expresa esa maravillosa realidad.
El Celebrante dice: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo, estén con todos ustedes (U otra de las fórmulas prescritas)
Y todos respondemos: Y con tu espíritu



ACTO PENITENCIAL: Moisés, antes de acercarse a la zarza ardiente, antes de entrar en la Presencia divina, ha de descalzarse, porque entra en una tierra sagrada[10]. Y nosotros, los cristianos, antes que nada, para celebrar dignamente estos sagrados misterios, debemos solicitar primero el perdón de nuestras culpas.
El acto penitencial, comprende los siguientes pasos:
- Una invitación del celebrante a reconocernos pecadores y al arrepentimiento
- Breve silencio para el examen interior
- Petición de perdón
- Plegaria sacerdotal que invoca la misericordia divina.



El sacerdote dice: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados (U otra de las fórmulas prescritas)
Se hace una breve pausa de silencio. Después todos en común hacen la confesión de sus pecados por medio del Yo confieso… y al final de éste no se dice Amén
El sacerdote concluye solo: Dios todo poderoso…
El pueblo responde: Amén



SEÑOR, TEN PIEDAD: Con frecuencia los Evangelios nos muestran personas que invocan a Cristo, como Señor, solicitando su piedad[11]. En este sentido, los Kyrie eleison, pidiendo piedad, son, por una parte, prolongación del acto penitencial precedente; pero por otra parte son proclamación gozosa de Cristo como Señor del universo, y, en este sentido, viene a ser prólogo del Gloria que sigue luego.
Lo proclama el celebrante y el pueblo responde o el coro o asamblea, celebrante y coro al unísono.



GLORIA A DIOS: Es un antiquísimo y venerable himno (S. IV pasó a occidente) con que la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero, y le presenta sus súplicas… Se canta o se recita los Domingos, fuera de los tiempos de Adviento y de Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas
Esta gran oración es rezada o cantada juntamente por el sacerdote y el pueblo.



ORACIÓN COLECTA: Para participar bien en la Misa es fundamental que esté viva la convicción de que es Cristo glorioso el protagonista principal de las oraciones litúrgicas de la Iglesia. El sacerdote es, en la Misa, quien pronuncia las oraciones, pero el orante principal, invisible y quizá inadvertido para tantos, es el Señor[12].
El sacerdote dice: Oremos… Luego se hace un momento de silencio y, después, el sacerdote, con las manos extendidas, recita la oración.
Todos respondemos, al final: Amén.
Una vez dicha la Oración Colecta, todos nos sentamos para la Liturgia de la Palabra[13].



[1] Mt 26, 20ss
[2] OGMR, 24
[3] Ibid., 25
[4] Pref. Pascual V
[5] 1Cor 10, 21
[6] OGMR 84 - 85
[7] Cfr. Gn 4, 26 ; Mc 9, 3
[8] Dt 27, 15-26; 1Crón 16, 36; Neh 8,6
[9] Mt 18, 19
[10] Ex 3, 5
[11] Mt 15, 22: La Cananea pide piedad. 20, 30-31: El ciego de Jericó. Lc 17,13: Los diez leprosos
[12] Jn 21,7
[13] La postura corporal durante los ritos iniciales es puestos en pie.


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