
En una ocasión me preguntaron: Rey, ¿Por qué cuando uno ama tiene que sufrir tanto? De súbito recordé las palabras leídas en un pequeño libro de bolsillo que escribió un gran Santo y respondí: Porque el dolor es la piedra de toque al amor (San José María Escrivá de Balaguer).
En efecto, el amor verdadero, ese amor que no conoce egoísmos, ese amor que te hace encontrarte ante ti mismo por medio de la otra persona y que lleva a donarte incondicionalmente, está marcado - curiosamente - por el dolor.
Ahora bien, podríamos preguntarnos: bueno, si es amor, ¿Por qué me hiere con el sufrimiento? Para poder responder examinemos lo siguiente:
Cuando te propones u objetivo, sea necesario o accesorio, has de renunciar a aquello que te impide lograr ese objetivo que te has trazado; tienes que renunciar, incluso, a cosas que te gusta hacer y que, de repente, te dan cierta felicidad, pero te das cuenta que tu objetivo es mayor que esas otras circunstancias accesorias que aparecen y, entonces, renuncias a lo accesorio para lograr lo necesario, es decir, renuncias a algo que te gusta para lograr algo mejor. Entre tanto, esa renuncia – que no la hubieras hecho si no quisieras lo otro – te produce de algún modo cierto dolor que no estarías dispuesto a llevar si no fuera porque quieres lograr tu objetivo.
Ahora sí podemos decir lo siguiente: Cuando amas sinceramente, te das cuenta que el amor significa Entrega y Renuncia; entrega a la persona amada y renuncia de ti mismo. Cuando renuncias a ti mismo, evidentemente, sufres, pero te das cuenta que ese sufrimiento te da algo mejor: Una entrega incondicional a la persona amada. Entonces, ese sufrimiento ya no es sinsentido; al contrario, te da felicidad, te sientes feliz de sufrir por amor, sufres porque amas.
Pero, ¿Qué sucede cuando alguien que te ama te hace sufrir?
El amor verdadero connota el bien para el otro; esta connotación se da porque el otro, en último término, eres tú mismo. En este sentido, recuerdo unas palabras que escuché en una conferencia: “Quien bien te quiere te hará llorar… mas quien no te quiere te hará reír y cantar…”. En efecto, el amor verdadero debe cumplir con este principio: Mi bien es que TÚ realices tu bien y tu bien es que YO realice mi bien, de tal modo que el bien del amado sea el bien del que ama, y viceversa.
Por tanto, ama verdaderamente quien sabe sufrir y sufre con alegría quien sabe amar. Hay Alguien que nos ha enseñado magistralmente esto. Ese Alguien que te ama y que llevó hasta la radicalidad el amor entregando Su vida por ti y por mi; hizo del sufrimiento una verdadera escuela del amor para decirnos que aún podemos amar, aún hay algo por hacer. Y si ese Alguien te reprende es porque te ha amado primero y solo te pide que Lo ames y por Él que ames a los demás. Ese Alguien se llama JESÚS.