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martes, 6 de agosto de 2013

Divino Salvador del mundo: ¡Salva nuestra Patria que lleva tu Nombre!




Celebramos hoy la Solemnidad de la Transfiguración del Señor; y nuestro país, El Salvador, se alegra y se honra de celebrar a su Patrono de quien, orgullosamente tomamos nombre: El Divino Salvador del Mundo.

Hoy, Jesús, sube el Monte Tabor con tres de sus discípulos, sus amigos más íntimos: Pedro, Santiago y Juan y, después de orar se transfigura delante de ellos; les hace ver su gloria, la misma que tendrá después de la Resurrección y de la cual la Iglesia, Cuerpo de Cristo, glorificada, espera con la certeza de la fe, participar en su encuentro definitivo con Cristo.

Pedro, ante la majestad de Cristo glorioso quisiera hacer tres chozas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías. La maravilla y el encanto que la gloria de Dios  irradia, hacen brotar del corazón de Pedro un deseo de permanecer en la montaña, en eterna contemplación. Y es en ese momento cuando una nube les envuelve y escuchan la voz del Padre Eterno que dice: Este es mi Hijo muy amado, ¡escúchenlo!; Y la escucha inmediata consiste en el asentimiento interior de no quedarse en la montaña, sino de bajar del monte a encontrarse con aquello de lo cual Moisés y Elías conversaban con Jesús: la pasión, la cruz, la muerte…

Celebrando hoy nuestras fiestas patronales nacionales, es menester que también nosotros nos sintamos amonestados con el imperativo del Padre Eterno: ¡Escúchenlo!; se trata de una escucha que no es lo mismo que un simple oír palabras, sino escuchar atentamente para poner en práctica.
Hoy también nosotros debemos bajar con la alegría y la fuerza del Transfigurado a la realidad que hay al pie del Tabor de nuestra sociedad: inconstitucionalidad de nuestro país, delincuencia a altos niveles y de todo tipo, políticas de poder y no de servicio, soberbia exacerbada revestido de orgullo egoísta, etc., etc., y un largo etcétera que cada uno puede completar con una lista interminable de realidades que hoy, más que nunca, exigen de nosotros cristianos una respuesta de esperanza que nace de una fe práctica. 

Divino Salvador del mundo: ¡Salva nuestra Patria que lleva tu Nombre! Sálvala de la delincuencia, sálvala de políticas de poder y no de servicio, sálvala de los ataques a la institución familiar, sálvala de aquellos que promueven ideologías en contra de la vida, sálvala de la corrupción económica que no permite el desarrollo de nuestros pueblos, sálvala de la comodidad en la ignorancia, sálvala de ser indigna de llevar Tu Nombre…