martes, 12 de febrero de 2013

¿Qué pasó ayer?


24 horas después del Anuncio de la Dimisión del Papa....

Eran poco después de las 10:30, la oficina de Prensa del Vaticano en la Vía de la Conciliación 54, justo frente a la Plaza de San Pedro. El día gris y lluvioso parecía presagiar la posterior tormenta. Según los Periodistas presentes, a esa hora la sala de prensa vaticana estaba particularmente tranquila. Ni siquiera los corresponsales italianos estaban presentes. Al fin y al cabo era feriado.
Una sola actividad ocupaba la mañana del Papa: un Consistorio Ordinario Público con cardenales de la Curia Roma, en el cual se decidiría la fecha de la ceremonia de elevación al honor de los altares de varios nuevos santos de la Iglesia. Entre ellos la mexicana Guadalupe Zavala y la colombiana Laura Montoya.
Pero, como suele ocurrir en estos casos, no iba a ser posible seguir el Consistorio por circuito cerrado. O al menos así se pensaba, según la tradición. Pero en torno a las 11:00 horas apareció en las pantallas la imagen del Papa en la Sala del Consistorio del Vaticano. En ese momento el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, leía en latín una larga relación sobre los futuros santos. Hasta ahí todo bien, aunque la inexplicable transmisión en vivo de las escenas era un primer signo de extrañeza.
Se registró el 12 de mayo como fecha de la ceremonia de canonización y parecía que ahí terminaba todo, cuando el maestro de ceremonias Guido Marini acercó a Benedicto XVI una hoja de papel. En ese momento comenzó la lectura del acto formal de renuncia…
Luego de unos primeros instantes de incredulidad la conclusión era clara: el Papa estaba renunciando. Ahí mismo y sin anestesia. Lo confirmaron inmediatamente unas palabras en italiano que Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, dedicó al Papa. El purpurado hablaba de incredulidad, sorpresa y estupor. No existen tres adjetivos mejores para describir tan chocante momento.
Pero, en ese momento nadie lo creía. Lo “imposible” se hacía realidad. Así inició una frenética jornada que no podía hacerse peor debido a la fuerte tormenta que azotó Roma durante toda la tarde y buena parte de la noche. La noticia daba la vuelta al mundo. Todas las Agencias de noticias abrían la primera página con grandes títulos a sorpresa de sus lectores. Las redes sociales estaban a reventar… la noticia era única… una cascada de informaciones. La máquina comunicativa del Vaticano apenas se ponía en marcha. Pero la noticia ya estaba dando la vuelta al mundo.
Pasadas las 12:30, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, salió a dar explicaciones. Aquellas que pudo encontrar para este gesto inaudito. Insistió una y otra vez que el Papa renunció por su anciana edad. Descartó que los escándalos como el “vatileaks” lo hayan obligado a tomar la decisión y reconoció que la noticia tomó a todos por sorpresa, inclusive a él mismo.
La experiencia shock de la noticia dio lugar al estupor al que sucedió un mar de preguntas, que en el fondo eran siempre las mismas: ¿Por qué renunció el Papa? ¿Hubieron “motivos ocultos” a su clamorosa decisión? ¿Qué pasará de ahora en adelante? ¿Cómo se va a elegir al futuro Papa? Y, sobre todo, ¿quién se perfila como “papable”?... No existen respuestas cortas. 

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