24 horas después del Anuncio de la Dimisión del Papa....
Eran poco después
de las 10:30, la oficina de Prensa del Vaticano en la Vía de la Conciliación
54, justo frente a la Plaza de San Pedro. El día gris y lluvioso parecía
presagiar la posterior tormenta. Según los Periodistas presentes, a esa hora la
sala de prensa vaticana estaba particularmente tranquila. Ni siquiera los
corresponsales italianos estaban presentes. Al fin y al cabo era feriado.
Una sola
actividad ocupaba la mañana del Papa: un Consistorio Ordinario Público con
cardenales de la Curia Roma, en el cual se decidiría la fecha de la ceremonia
de elevación al honor de los altares de varios nuevos santos de la Iglesia.
Entre ellos la mexicana Guadalupe Zavala y la colombiana Laura Montoya.
Pero, como suele
ocurrir en estos casos, no iba a ser posible seguir el Consistorio por circuito
cerrado. O al menos así se pensaba, según la tradición. Pero en torno a las
11:00 horas apareció en las pantallas la imagen del Papa en la Sala del
Consistorio del Vaticano. En ese momento el cardenal Angelo Amato, prefecto de
la Congregación para las Causas de los Santos, leía en latín una larga relación
sobre los futuros santos. Hasta ahí todo bien, aunque la inexplicable
transmisión en vivo de las escenas era un primer signo de extrañeza.
Se registró el 12
de mayo como fecha de la ceremonia de canonización y parecía que ahí terminaba
todo, cuando el maestro de ceremonias Guido Marini acercó a Benedicto XVI una
hoja de papel. En ese momento comenzó la lectura del acto formal de renuncia…
Luego de unos
primeros instantes de incredulidad la conclusión era clara: el Papa estaba
renunciando. Ahí mismo y sin anestesia. Lo confirmaron inmediatamente unas
palabras en italiano que Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, dedicó
al Papa. El purpurado hablaba de incredulidad, sorpresa y estupor. No existen
tres adjetivos mejores para describir tan chocante momento.
Pero, en ese momento
nadie lo creía. Lo “imposible” se hacía realidad. Así inició una frenética
jornada que no podía hacerse peor debido a la fuerte tormenta que azotó Roma
durante toda la tarde y buena parte de la noche. La noticia daba la vuelta al
mundo. Todas las Agencias de noticias abrían la primera página con grandes
títulos a sorpresa de sus lectores. Las redes sociales estaban a reventar… la
noticia era única… una cascada de informaciones. La máquina comunicativa del
Vaticano apenas se ponía en marcha. Pero la noticia ya estaba dando la vuelta
al mundo.
Pasadas las
12:30, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, salió a dar
explicaciones. Aquellas que pudo encontrar para este gesto inaudito. Insistió
una y otra vez que el Papa renunció por su anciana edad. Descartó que los
escándalos como el “vatileaks” lo hayan obligado a tomar la decisión y
reconoció que la noticia tomó a todos por sorpresa, inclusive a él mismo.
La experiencia
shock de la noticia dio lugar al estupor al que sucedió un mar de preguntas,
que en el fondo eran siempre las mismas: ¿Por qué renunció el Papa? ¿Hubieron
“motivos ocultos” a su clamorosa decisión? ¿Qué pasará de ahora en adelante?
¿Cómo se va a elegir al futuro Papa? Y, sobre todo, ¿quién se perfila como
“papable”?... No existen respuestas cortas.

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