miércoles, 11 de noviembre de 2009

UN GRITO DESDE EL PROFUNDO…

// Interrumpo las publicaciones que estaba haciendo pra publicar esta especial//


La noche del sábado al domingo, la naturaleza dejó sentir su furia sobre el territorio Salvadoreño con un fuerte huracán (llamado Ida) que dejó como saldo muchos muertos, tantos desaparecidos, miles de damnificados y miles de daños materiales. Las imágenes que nos han transmitido los medios son impactantes y la realidad es desgarradora. El grito que se eleva desde el profundo del corazón es una mezcla de “reclamo a Dios”, resignación, dolor, angustia, tristeza, muerte, destrucción, etc., y un largo etc. Son estos sentimientos los que recojo y quiero expresar con la publicación Un grito desde el Profundo…


A todos les pido – cualquiera que sea la concepción que tengan de Dios – que nos unamos en un sentimiento común y alcemos nuestra voz en una humilde súplica por el pueblo Salvadoreño, por mi país, por mi pueblo, por mi gente. Y si alguien quiere ayudar materialmente a tantas personas que han quedado damnificadas, escríbame a mi correo (rivasreynaldo@gmail.com) y le hago saber cómo puede hacer para hacer llegar la ayuda de manera seguro.


¿Dónde te fuiste? ¿Dónde te escondiste? ¿Dónde estabas? ¿Ya te dio gusto vernos sufrir?


Las torrenciales lluvias nos azotaban, los montes se desplomaron, rodó el estruendo de los truenos, los relámpagos deslumbraban la noche, la tierra retembló estremecida; las nubes descargaron sus aguas y Tu, en tu cielo, no volviste tu mirada, casi complaciéndote en el sufrimiento que se batía en nuestros pueblos. O ¿a caso no querías ver nuestra desgracia? ¿Te dolía vernos sufrir y por eso mejor decidiste voltear tu mirada, escondiéndote de nosotros? ¿No nos querías ver sufrir? ¿Nos abandonaste a una suerte sin esperanza?


Aunque parezca que nos has abandonado a la furia impetuosa de la naturaleza; aunque parezca que te olvidaste de nosotros y te complacías en nuestra desgracia; aunque parezca que te escondiste en tu cielo para no ver la desgracia que se cernía sobre tu pueblo; nosotros, con el dolor en nuestro pecho, con un nudo en la garganta, con las manos llenas de lodo y nuestros cuerpos fatigados, no dejamos ni dejaremos de gritarte desde lo más profundo de nuestro corazón, te gritaremos como nuestra esperanza – la única quizá que nos queda -, te seguiremos clamando aún cuando no te veamos, aún debajo de los escombros, debajo de las piedras, cuando no tenemos nada más que la vida en un cuerpo desnudo, aun cuando estemos enterrando a nuestros muertos, cuando nos dejaste sin hogar, nos quitaste todo, aun cuando no vemos la salida. Te seguiremos buscando!!!


Te seguiremos clamando con grito desgarrador, con una súplica, con los ojos alzados a Ti, con las manos suplicantes, con los pies vacilantes, con voz cortada, con los ojos llenos de lágrimas, con el pecho lleno de dolor. Te seguiremos gritando en medio de tanta agonía, de tanta desesperación; te seguiremos gritando de la mano con la muerte, al borde del abismo. Te seguiremos gritando… ¿Por qué te escondiste? ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué te llevaste a nuestros seres queridos!? Unos ni siquiera habían nacido y te los llevaste con sus madres; otros comenzando a vivir y te los llevaste con sus padres; otros en la flor de la juventud y te los llevaste con sus ilusiones; otros en la madurez de la vida y te los llevaste con sus realizaciones; otros en el declinar de los años y te los llevaste con sus recuerdos de antaño. ¿Por qué lo hiciste?...


Seguimos clamándote porque sabemos que estás ahí; no nos importa que no nos dejes escuchar tu voz, nosotros te seguiremos gritando hasta ensordecerte con nuestros gritos, porque sabemos que estás ahí, quizá con los ojos cerrados, pero estás ahí y nos escuchas en el momento de nuestra desgracia.


Reconocemos nuestra iniquidad, reconocemos nuestra culpa, nuestro pecado; hemos merecido el furor de tu ira porque nos apartamos de Ti, te dimos la espalda cuando dejamos de escucharte, cuando dejamos de seguir tu Voz, cuando dimos muerte a vidas inocentes, a vidas que aun no habían visto la luz; nos alejamos de Ti cuando atentamos contra la naturaleza creada, cuando no cuidamos del mundo que nos diste, cuando destruimos tu magnífica obra; nos apartamos de Ti cuando te expulsamos de nuestras familias, cuando dejamos de hablar de Ti a nuestros hijos, cuando te sacamos de la enseñanza de nuestras escuelas, cuando dejamos de contar contigo y nos pusimos a nosotros mismos como señores de lo que no es nuestro; nos seguimos apartando de Ti hoy que queremos destruir la institución familiar, cuando dejamos que otras entidades decidan sobre nuestras familias; cuando atentamos contra la dignidad de las personas, cuando expropiamos de sus derechos y de lo poco que tienen a aquellos que casi no tienen; nos apartamos de Ti… contra Ti hemos pecado…


Reconocemos nuestra impiedad, pero por tu Amor, por tu Misericordia, vuelve, Señor, tu Rostro hacia nosotros. Haznos sentir tu Misericordia. Como nos has mostrado tu fuerza y tu potencia dejando que la naturaleza se batiera contra nosotros; muéstranos también tu gloria sacándonos del fango, dándonos consuelo en la aflicción, esperanza en nuestra desesperación, fuerza en nuestra debilidad, firmeza en nuestra fragilidad, alegría en nuestro dolor, luz en nuestra oscuridad, sendero en nuestra confusión, vida en nuestra agonía de muerte.


Sabemos que nos escuchas porque eres Dios y no creatura débil como nosotros; no te olvides de nosotros, porque cuanto más tardes, más te aclamaremos, más te suplicaremos, más te buscaremos. Muéstranos tu Rostro y seremos salvados, que todo fiel te suplica en el momento de la desgracia. Eres nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor nuestro, fiel a tu alianza con nosotros. En Ti hemos confiado y nunca hemos sido defraudados.


Un grito desde el profundo...

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viernes, 23 de octubre de 2009

CULTURA SEXUALIZADA (III)

LA ENTREGA EN LAS RELACIONES SEXUALES


El noviazgo exige el ejercicio de la responsabilidad; pero no de una responsabilidad aparente, subjetiva. No es esa “responsabilidad” que hace decir “Nosotros sabemos lo que hacemos”. Esta es la más barata aplicación de la responsabilidad que, en último término, más que responsabilidad, es libertinaje y ese “Nosotros sabemos lo que hacemos” se convierte en “nosotros hacemos lo que se nos venga en gana, lo que queremos”.


La verdadera responsabilidad es aquella que, en el amor, no permite que se haga lo que se quiera, sino lo que se debe; que se haga en libertad responsable y que, en consecuencia, se asuman los derivados de la acción. Responsabilidad equivale a libertad madura, voluntad fuerte e inteligencia sagaz.


La peor mentira, lo que destruye el amor verdadero es, cuando en el noviazgo, uno pide al otro “la prueba de que me amas” que en otras palabras es “Vamos a la cama y demos rienda suelta a nuestras pasiones”.


Cuando esto ocurre, el amor comienza a morir; porque la intimidad genital, esa expresión máxima de la sacralidad del cuerpo, que era lo único que quedaba por descubrir ha sido ya desvelado y, entonces, ya no hay nada nuevo y la vida se convierte en una rutina viciosa y degradante. Es por este motivo que muchos noviazgos terminan pronto y no logran madurar hasta el matrimonio y, los que llegan, muchas veces, acaban pronto y mal.


Vale la pena esperar. Es propio de una persona responsable hacerlo; es propio de una persona libre no dejarse arrastrar por las pasiones; es propio de inteligentes no dejar que la pasión oscurezca la razón. Te animas? Vale la pena esperar y descubrir en amor verdadero lo más sagrado de la persona que amas. Si de verdad amas a tu novio, si de verdad amas a tu novia, no le pidas que te de “la prueba del amor”, mejor vivan en el amor siendo responsables, madurando en el conocimiento de sí mismos y creciendo como personas. Alguno podrá objetar: Pero si “lo hacemos por amor…” Será este el tema de la próxima publicación. Déjame tus comentario o envíamelos directamente a mi correo (rivasreynaldo@gmail.com) y ampliemos horizontes.

sábado, 21 de febrero de 2009

CULTURA SEXUALIZADA (II)


¿Y LAS RELACIONES SEXUALES, ENTONCES QUÉ?

En la publicación anterior sostenía el hecho evidente del influjo del libertinaje sexual exagerado en todos los ambientes que nos rodean. En esta publicación pretendo hacer una somera exposición sobre el tema de las relaciones sexuales.

"Hacer el amor" es una frase que lleva sus años de andar en circulación. Desde que saltó a la calle, en el auge de los jipis, ha corrido con "éxito". La oye uno en el cine y en la conversación, la dicen los adultos, mucho más los jóvenes y, para colmo, todos se la creen. Porque "hacer el amor" no es hacer el amor sino el sexo, la actividad genital, que es diferen­te.

Quizá ninguna palabra ha sido tan prostituida como esta del “amor” sofocada con frecuencia sobre cosas que nada tienen que ver con él, sobre pobres aventuras de antiamor o, cuando menos, del más triste desamor. Nadie está contra el sexo, que es un aspecto del misterio y de la grandeza de la persona, sino contra el hecho de desvincularlo del amor, de la esen­cia de la personalidad, de los dictados de la ética y de sus consecuencias sociales.

Por eso es preciso distinguir entre sexo y amor. Ninguno podría tachar de moralina barata, la doctrina del ilustre filósofo pagano Séneca: "Si la sexualidad fuera la felicidad, las bestias serían más felices que los hom­bres". Puede haber sexo sin que haya amor, y eso sucede todos los días en encuentros ocasionales y, comercializados entre personas desconoci­das. Al amor no le satisface la unión pasajera de los cuerpos, sino la fusión permanente de los espíritus. El sexo, aislado del amor, hastía.

Por otra parte, el sexo sin amor es egoísmo refinado, ya que no busca la verdadera felicidad de la otra persona, sino la individual satisfacción y la consumación de un apetito fugaz para el que tiene que usar a la otra per­sona como envase desechable.

Pero, ¿Qué entendemos por amor?

Los diccionarios se quedan cortos al intentar dar una definición de amor. Y es que, ciertamente, el amor, más que un sentimiento, es una decisión de entrega. De hecho, la característica principal del amor es la donación de sí mismo a la persona amada. Esta donación exige reciprocidad, de modo que, entonces, el amor se convierte en una necesidad vital. No se puede vivir sin amar. Muchos aman erróneamente, pero dicen que aman. Eso demuestra que todo ser humano necesita amar y ser amado. En el acto de amar, lo que menos interesa es el beneficio personal. Se trata a la otra persona no como objeto, sino como verdadero sujeto de amor a quien uno se entrega porque entregándose se plenifica.

Ahora bien, habiendo expuesto una aproximación a la concepción verdadera del amor y sin tratar el aspecto moral de una relación sexual, examinemos atentamente si en verdad se “Hace el amor” cuando se practica el sexo. He de decir que a la Iglesia Católica se le tacha de retrógrada frente a esta situación, porque ella sostiene que se ha de tener relaciones sexuales hasta el matrimonio. Antes de tomar posturas, les invito a que reflexionemos sobre esta realidad.

Cuando se tienen relaciones sexuales prematrimoniales, lo que se busca no es el fin primario y original que ellas conllevan, es decir, el de la procreación y unidad del hombre y la mujer. Lo que se busca es, en realidad, la satisfacción pasional del impulso carnal. De modo que el amor – que cumpliría con el doble fin de una relación sexual – no es amor sinceramente, sino descarga del apetito sexual. Entonces, si lo que se busca es solo satisfacer el instinto sexual, ¿Será que podemos hablar de que se está “Haciendo el amor”?

Cuando la Iglesia Católica dice que la relación sexual es auténticamente plena solo dentro del matrimonio, ¿Será que tiene razón o es en realidad una vieja desfasada que se quedó haciendo muñequitos de plastilina cuando los jóvenes ya están haciendo experimentos científicos? Yo no me atrevería a afirmar esto. Los que no son católicos o no profesan religión alguna o, simplemente, se creen indiferentes en cuestiones religiosas quizá dirán que la cuestión moral solo atañe a aquellos que profesamos una fe, que creemos en Dios o que vamos a la Iglesia. Yo les digo que no. No es solo para nosotros la cuestión moral, pues la ley moral está inscrita en el corazón del hombre independientemente si se da cuenta o no.
Lo natural de las relaciones sexuales es que el acto sexual, para que sea completo, termine – obligatoriamente – con la expulsión de la semilla de la vida (eyaculación). La eyaculación, por naturaleza, tiene como fin fecundar el óvulo. Es este el curso natural-biológico del acto sexual. La fecundación del óvulo, significa una nueva vida. Ahora bien, tomando en cuenta estos detalles, ¿será posible hablar de una auténtica relación sexual previa al matrimonio, cuando constatamos que en esas aventurillas sexuales no se busca la apertura a la vida, sino solo la satisfacción pasional? Al aspecto de la fecundación agrego que, la relación sexual mira a la unión del hombre con la mujer; pero si el acto sexual solo se da como un acto aislado que busca solo satisfacer el apetito sexual y luego cumplir con lo que el viejo refrán dice Si te vi, no me acuerdo, ¿Será posible hablar que se pueden tener relaciones sexuales antes del matrimonio?

Ahora bien, si a estos dos fines – procreación y unión – tiende por naturaleza la relación sexual, es lógico y evidente que la plena realización se dé solo en el matrimonio. Quizá estos dos motivos no justifican el por qué solo dentro del matrimonio son válidamente plenas las relaciones sexuales y, a este momento, surge una nueva interrogante ¿Por qué debo esperar hasta el matrimonio?

¿Y las relaciones sexuales, entonces qué? Dígase lo que se quiera, nadie se opone al amor, sino a esa mentira de quienes dicen que aman cuando en rigor se aman a sí mismos. Es evidente que al mundo le falta amor, pero le sobra sexo.

Con esta perspectiva, te invito a que en la próxima publicación ampliemos criterios sobre el tema de La entrega en las relaciones sexuales.

viernes, 23 de enero de 2009

CULTURA SEXUALIZADA (I)


POR UNA INTRODUCCIÓN...

Este primer fondo respecto a temas sobre la sexualidad, es la introducción a una serie de publicaciones que iré haciendo paulatinamente. Les agradeceré enormemente que dejen sus comentarios, expongan sus dudas, me den sus opiniones, a fin de lograr ampliar horizontes y poder ayudar a los demás.

En muchas ocasiones reprimida, criticada, estigmatizada y considerada incluso como tabú por ultrareligiosos, conservadores, fanáticos y por ciertos sectores de la sociedad, en nuestros días la sexualidad (y esto para nadie es un secreto aunque algunos prefieran ignorarlo o no darse por aludidos), vive una etapa de práctico desenfreno, se ha vuelto una obsesión para muchas personas y, de un puritanismo exacerbado y estricto, se ha pasado al extremo contrario, a auténticas muestras de libertinaje. La sociedad actual está sexualizada hasta límites muy elevados. La publicidad utiliza el sexo para vender cualquier producto; los jóvenes reclaman más educación sexual, más libertad para expresar su sexualidad, los padres se encuentran sobrepasados al darse cuenta de que les falta mucho por aprender, las autoridades políticas y religiosas chocan en sus concepciones y en sus respectivas posturas sobre la sexualidad… y la ignorancia o la confusión son algo generalizado.

La hipersexualización de nuestra sociedad, que va íntimamente unida a muchos problemas relativos a la sexualidad de los hombres y las mujeres, es una consecuencia clara y directa del mal llamado ‘progreso’, del auge de la civilización industrial, cada vez más competitiva y exigente, del ‘amontonamiento’ de los seres humanos en enormes metrópolis. Los seres humanos nos hemos olvidado de cómo era la vida hace apenas algunas generaciones, la vida en zonas rurales y campesinas donde primaba el contacto con la Naturaleza, los valores de lo auténtico. Ahora hombres y mujeres trabajan en grandes urbes casi como esclavos. Hemos construido nosotros mismos, o hemos aceptado que nos las construyeran, auténticas oficinas-prisión, auténticas fábricas que nos esclavizan. Hemos logrado crear una sociedad industrializada y tecnificada, con la idea -profundamente equivocada- de que gracias a ella viviríamos mejor. Y lo único que hemos logrado ha sido que esta misma sociedad industrializada, para maximizar nuestro rendimiento tanto de productores-trabajadores como de consumidores de todo cuanto esa sociedad nos ofrece, estableciera toda una serie de normas -por supuesto no escritas-, de condicionamientos, de nuevos roles, según los cuales nada debe distraer al productor/consumidor (o sea, cada uno de nosotros) de su tarea, nada debe ralentizar ni impedir que llegue a los máximos niveles de productividad para lograr así su máximo rendimiento (para explotarlo al máximo, en otras palabras). Hombres y mujeres nos hemos enclaustrado en esa escala de valores erróneos, deshumanizándonos cada vez más.

¿Qué le queda entonces, a ese hombre o a esa mujer, para mantener despierto un mínimo de su interés, de su ‘humanidad’ en todo el sentido de la palabra? No es la cultura, ni el deporte, aunque este último tenga un gran poder de convocatoria de masas… Es el sexo, la necesidad del sexo, la práctica del sexo. Cine, televisión, espectáculos, tienen al sexo como algo omnipresente. El sexo parece ser para el hombre y la mujer del siglo XXI una de las pocas maneras de escaparse, de evadirse del aburrimiento, del tedio y del cansancio y, por qué no decirlo, de las penas y decepciones que les causa la rutina del trabajo cotidiano, que los absorbe y esclaviza en gran medida…

Estamos asistiendo, por tanto, a una fuerte sexualización de la cultura. En nuestro mundo, por todos los medios posibles y, especialmente, los de comunicación social estamos siendo bombardeados por una fuerte corriente de libertinaje sexual desenfrenado con incentivos provocadores y evocadores de una vida sexual en aparente libertad que invitan a vivir un estilo de vida libidinosa y sin ningún reparo en el auténtico contenido de la sexualidad. Y digo en aparente libertad porque la sexualidad, así vivida, esclaviza y, lejos de humanizar, deshumaniza, reduciendo al ser humano a objeto de sus instintos y pasiones sexuales que busca satisfacerlas por cualquier medio y de cualquier forma.

Con todo esto, el culto al cuerpo se abre paso y se impone como la medida rectora para la convivencia social. Es de tal dimensión su influjo que de ello depende la aceptación o no aceptación de muchos en el círculo de “amigos”.

Por su parte, los Gobiernos de muchos países piden “Libertad” completa para que cada uno viva la sexualidad como quiera. Así, nos encontramos con grupos radicales feministas, machistas, gay’s, lesbianas, etc. Parece que los conceptos de Hombre-Mujer originales se diluyen en una gama de ofertas y dan paso a los de Homosexual, Bisexual, Transexual y todas las denominaciones posibles, tanto en hombres como en mujeres.

Es común escuchar frases tales como: “Eres libre”, “Lo puedes hacer”, “Haz la prueba”, “Como si no fueras normal”, “Eso es normal”, “No es pecado”, etc., refiriéndose a la actividad sexual. Ahora surge la pregunta: ¿Y las relaciones sexuales, entonces qué? Será este el tema de la próxima publicación. Te invito a que juntos ampliemos horizontes y busquemos respuestas a las interrogantes.

sábado, 10 de enero de 2009

EL INELUDIBLE SENTIDO DEL FUTURO



Lo que define con mayor propiedad al ser humano es su ineludible necesidad de felicidad, amor, alegría, paz, belleza, en términos insaciables y de plenitud. Supone la apertura y la aspiración a trascenderse. Se expresa a través del arte, la religión, las grandes obras o epopeyas de la humanidad. Tiene mucho que ver con la mística porque supone un interrogante hacia lo trascendente. Está presente en poesía de San Juan de la Cruz o Rabindranath Tagore y es lo que Urs von Balthasar definía como la confianza fundamental impresa en el ser humano desde la infancia, la expresión de su estructura débil pero con sed del infinito.


La esperanza es una característica de la persona. Va unida a la utopía, a propuestas todavía no realizadas pero que podrían llegar a ser. Así, podemos ver dos características de la esperanza: “Caminar hacia” y “Todavía no”. La esperanza solo es plena si el deseo que la fundamenta está orientado hacia. Si no hay orientación, en lugar de esperanza hay vacío y perplejidad, pero al mismo tiempo, La esperanza se sitúa en el espacio del todavía – no. El futuro contiene lo temido y lo esperado pero si sólo damos rienda suelta a lo temido, tenemos miedo a la esperanza.


El siglo XX ha dado sobrados motivos para el pesimismo; pero hay tantas personas que siguen esperando. El cristiano sigue creyendo, contra toda esperanza, que el fin último de la humanidad no es la muerte sino la resurrección. Muchos otros, han intentado dar explicación cabal de los interrogantes, de todas estas “esperanzas secularizadas”, pero esos intentos se han convertido en boomerang para quienes las promovieron. Prevaleciendo el noble principio según el cual La religión ofrece al hombre un triunfo, la esperanza definitiva que de ninguna manera la razón puede dar. En efecto, las religiones han dado a la esperanza un horizonte de salvación trascendente, pues, según afirma Blondel, La acción humana implica una disposición innata hacia la apertura ontológica. Nuestro deseo de lo sobrenatural es natural y siempre actual. Todo lo creado posee una gravitación escatológica como si estuviera preñado de esperanza. Al ser humano le corresponde la función mayéutica sobre la creación para que ésta camine hacia el punto omega.