jueves, 27 de septiembre de 2012

a las puertas del Sínodo de los Obispos



La próxima XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará desde el 5 al 26 de octubre de 2008, tiene como tema La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El argumento elegido por Su Santidad Benedicto XVI el 6 de octubre de 2006, ha sido acogido con amplio consenso de parte del Episcopado y del pueblo de Dios (Instrumentum Laboris).

El objetivo primario del Sínodo es dedicarse al tema de la Palabra con la cual «Dios invisible (cf.Col 1, 15; 1 Tim 1, 17) movido de amor, habla a los hombres como amigos (cf. Ex 33, 11; Jn 15, 14-15), trata con ellos (cf. Ba 3, 38) para invitarlos y recibirlos en su compañía» (DV 2). Esto implica la escucha y el amor a la Palabra del Señor, que está en consonancia con la vida concreta de las personas de nuestro tiempo  (Instrumentum Laboris).

Para este Sínodo, el Santo Padre nombró 45 expertos –diez de ellos, mujeres– y a 49 observadores –entre los que destacan 19 mujeres– que participarán también en el próximo Sínodo.

El Papa nombró además a 36 Padres Sinodales procedentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, entre los que figuran 12 cardenales, 20 arzobispos y obispos y cuatro sacerdotes.

Los tres presidentes delegados serán el Arzobispo de Hong Kong, Cardenal John Tong Hon; el Arzobispo de Guadalajara (México) Cardenal Francisco Robles Ortega y el Arzobispo de Kinshasa de la República Democrática del Congo, Cardenal Laurent Monsengwo Pasinya.

Por otra parte, el relator general será el Arzobispo de Washington, Cardenal Donald William Wuerl, y el secretario especial, el Arzobispo de Montpellier, Mons. Pierre-Marie Carré.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

La Obra de Dios



Te está cantando el martillo, 
y rueda en tu honor la rueda. 
Puede que la luz no pueda 
librar del humo su brillo. 
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios en la dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quien diga que Dios ha muerto 
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto. 
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde; 
decid, si preguntan dónde,
que Dios está –sin mortaja–
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.

* Himno de  la Liturgia de las Horas
   Miércoles de la II Semana-Hora Media

lunes, 27 de agosto de 2012

Juicios Teológicos


Hay dos modos de hacer teología. Uno, espontáneo, que todos hacemos cuando nos preguntamos qué pretende decir la Palabra de Dios que escuchamos en la liturgia, o cómo juzgar cristianamente un determinado acontecimiento. La fe plantea preguntas, pide acogida y se vive en circunstancias concretas. En este sentido todos los creyentes que preguntamos, acogemos y vivimos la fe, hacemos teología. Hay otro modo de hacer teología, más sistemático, más científico, con método, propio de los estudiosos, de aquellos que buscan los nexos recíprocos entre los diferentes aspectos de la fe, y el significado de los mismos. Esta tarea de los teólogos sirve para que la Iglesia y los fieles profundicen en la fe y la comprendan mejor; sirve para responder inteligentemente ante las dificultades que a la fe le presenta la cultura ambiental y, por tanto, para exponer con mayor pureza el mensaje cristiano.

Ocurre, a veces, que la tarea teológica, absolutamente necesaria en la Iglesia, utiliza un instrumental que no todos pueden comprender. Y suele ser grande la tentación de rechazar o de menospreciar aquello que no se comprende o no se conoce. Este rechazo aparece en frases de este estilo: “yo no necesito leer a este autor para saber que es un hereje”. Evidentemente, para ser un buen cristiano no se necesita leer a un determinado teólogo, pero para juzgar su teología sí. Ahora bien, un buen acercamiento a una determinada teología no puede consistir en rastrear errores o buscar herejías. Como muy bien dijo recientemente un conocido teólogo en la introducción de su cristología “cualquiera es libre de contradecirme. Pido sólo a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial sin la cual no hay comprensión posible”.

Dicho de otro modo: para acercarse a una determinada propuesta teológica se requiere, en primer lugar, comprender lo que dice el autor. Y luego hacerlo desde una empatía crítica. Empatía para acercase sin prejuicios, comprender los diagnósticos que el autor hace, así como la propuesta teológica que formula y los matices que enfatiza; y todo ello con el sano propósito de enriquecer el propio pensamiento. Pero esta empatía debe ser también crítica. Esto significa capacidad de evaluar por sí mismo la validez de lo propuesto. Nadie debe juzgar lo que no comprende. Muchas veces comprender requiere tiempo, paciencia, esfuerzo, ascesis. No sería bueno que la teología se convirtiera en entretenimiento o en religión-espectáculo.

jueves, 31 de mayo de 2012

domingo, 27 de mayo de 2012

Solemnidad de Pentecostés


Apuntes para la Predicación

Con la Resurrección de Cristo, celebrada en la Vigilia Pascual, se ha inaugurado el Día absolutamente nuevo. Los Padres de la Iglesia han llamado “octavo” ese día, porque en él confluyen y encuentran su cumplimiento los siete días de la primera creación arruinada por el pecado.

domingo, 29 de abril de 2012

mi Ordenación Diaconal




Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
                En la alegría de Cristo Resucitado, les saludo muy afectuosamente, deseando para Ustedes abundantes bendiciones del cielo. Que el Resucitado sea la respuesta a nuestras esperanzas, la certeza a nuestra fe y la alegría cumplida a nuestras ilusiones. Que la luz de Su verdad ilumine nuestras vidas y disipe las tinieblas del pecado y del error.

                Con inmensa alegría, me es grato comunicarles que el próximo  14 de mayo (lunes 14 de mayo de 2012, a las 3:30 pm), por imposicón de Manos y Plegaria de Ordenación de S.E. Card. Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, seré ordenado Diácono junto con otros Seminaristas, en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, aquí en Roma. Motivo por el cual, les pido sus oraciones, a fin que Cristo, siervo y Señor nos ayude a ser Sus fieles servidores y lo menos indignos posible para recibir su gracia.

                Como aquella tarde en la que llamó los primeros discípulos en la rivera del Jordán (cf. Jn 1,38-39), hoy sigue llamando a quienes Él quiere (cf. Mc 3,13) para que sean sus discípulos, sus amigos, sus íntimos. Nos llama para estar con Él y para enviarnos a predicar (cf. Mc 3,14). Es una llamada que implica respuesta y ante la que no se puede permanecer indiferente. Un día también nosotros hemos experimentado esa llamada y nos pusimos en camino en un itinerario de formación, con la intención de responder a esa llamada que creímos haber escuchado. Ahora, con la ordenación Diaconal, Dios mismo nos confirma en nuestro propósito y la Iglesia acoge nuestra intención de consagrarnos al servicio de Dios para el bien de las personas a las que seremos enviados (cf. Hb 5,1-6).  La vocación es, pues, un don y un misterio – como diría el Beato Juan Pablo II –, un don porque es inmerecido y aun así se nos ha sido dada, y un misterio porque nunca alcanzaremos a comprender completamente el por qué de nuestra llamada.

                Con todo, les pido nos encomienden en sus oraciones; les pido me encomienden de modo particular, y, aunque no puedan estar físicamente aquí conmigo para celebrar este grandioso día, les pido se unan a mí en oración y den gracias a Dios conmigo por llamarme a esta aventura vocacional. Yo estaré rezando por ustedes, para que su vocación cristiana sea fructífera. Ustedes recen por mí para que pueda vivir el ministerio como Dios lo quiere y la Iglesia lo necesita.  

                Me despido de Ustedes, les saludo muy afectuosamente y espero pronto nos veamos de regreso en El Salvador.
Sinceramente en Cristo,
Reynaldo Antonio Rivas
(Seminarista de la Diócesis de San Vicente, EL SALVADOR)

sábado, 25 de febrero de 2012

«Del Desierto al Reino»


I Domingo de Cuaresma
Domingo 26 de febrero de 2012

Hoy, en el Evangelio, Cristo se presenta anunciando la llegada del Reino: El tiempo se ha cumplido, el Reino llega.
El tema central del anuncio de Cristo es, justamente, el anuncio del Reino, un anuncio que tiene como característica propia la conversión. Este Reino que Cristo anuncia, que no es de este mundo, no es otra cosa que Cristo mismo: Cristo se identifica con Su anuncio, Cristo y el Reino son una única y misma realidad.