Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:
En la alegría de
Cristo Resucitado, les saludo muy afectuosamente, deseando para Ustedes
abundantes bendiciones del cielo. Que el Resucitado sea la respuesta a nuestras
esperanzas, la certeza a nuestra fe y la alegría cumplida a nuestras ilusiones.
Que la luz de Su verdad ilumine nuestras vidas y disipe las tinieblas del
pecado y del error.
Con inmensa alegría,
me es grato comunicarles que el próximo
14 de mayo (lunes 14 de mayo de 2012, a las 3:30 pm), por imposicón de Manos y Plegaria de Ordenación de S.E. Card. Mauro Piacenza, Prefecto de la Congregación para el Clero, seré ordenado
Diácono junto con otros Seminaristas, en la Basílica de San Pedro, en el
Vaticano, aquí en Roma. Motivo por el cual, les pido sus oraciones, a fin que
Cristo, siervo y Señor nos ayude a ser Sus fieles servidores y lo menos
indignos posible para recibir su gracia.
Como aquella tarde en
la que llamó los primeros discípulos en la rivera del Jordán (cf. Jn 1,38-39),
hoy sigue llamando a quienes Él quiere (cf. Mc 3,13) para que sean sus
discípulos, sus amigos, sus íntimos. Nos llama para estar con Él y para enviarnos
a predicar (cf. Mc 3,14). Es una llamada que implica respuesta y ante la que no
se puede permanecer indiferente. Un día también nosotros hemos experimentado
esa llamada y nos pusimos en camino en un itinerario de formación, con la
intención de responder a esa llamada que creímos haber escuchado. Ahora, con la
ordenación Diaconal, Dios mismo nos confirma en nuestro propósito y la Iglesia
acoge nuestra intención de consagrarnos al servicio de Dios para el bien de las
personas a las que seremos enviados (cf. Hb 5,1-6). La vocación es, pues, un don y un misterio –
como diría el Beato Juan Pablo II –, un don porque es inmerecido y aun así se
nos ha sido dada, y un misterio porque nunca alcanzaremos a comprender
completamente el por qué de nuestra
llamada.
Con todo, les pido nos
encomienden en sus oraciones; les pido me encomienden de modo particular, y,
aunque no puedan estar físicamente aquí conmigo para celebrar este grandioso
día, les pido se unan a mí en oración y den gracias a Dios conmigo por llamarme
a esta aventura vocacional. Yo estaré rezando por ustedes, para que su vocación
cristiana sea fructífera. Ustedes recen por mí para que pueda vivir el
ministerio como Dios lo quiere y la Iglesia lo necesita.
Me despido de Ustedes,
les saludo muy afectuosamente y espero pronto nos veamos de regreso en El
Salvador.
Sinceramente en Cristo,
Reynaldo Antonio Rivas
(Seminarista
de la Diócesis de San Vicente, EL SALVADOR)


3 comentarios:
Un fuerte abrazo de felicitación querido hermano,nuestros mejores deseos y por supuesto cuenta con nuestras oraciones por ti.
Bendiciones...
Wooow que celebración!! como me gustaria estar ahi pero la proxima no me la pienso perder... Muchisimas felicidades Rey que Dios y la Viegencita bella lo sigan bendiciendo, cuente con mis oraciones siempre. Un abrazo.
que su ordenacion sea para la gloria de dios y para el vien de nuestra iglecia que la santicima virgen lo aconpane en su vocacion y podamos tener sacerdotes santos
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