
POR UNA INTRODUCCIÓN...
Este primer fondo respecto a temas sobre la sexualidad, es la introducción a una serie de publicaciones que iré haciendo paulatinamente. Les agradeceré enormemente que dejen sus comentarios, expongan sus dudas, me den sus opiniones, a fin de lograr ampliar horizontes y poder ayudar a los demás.
En muchas ocasiones reprimida, criticada, estigmatizada y considerada incluso como tabú por ultrareligiosos, conservadores, fanáticos y por ciertos sectores de la sociedad, en nuestros días la sexualidad (y esto para nadie es un secreto aunque algunos prefieran ignorarlo o no darse por aludidos), vive una etapa de práctico desenfreno, se ha vuelto una obsesión para muchas personas y, de un puritanismo exacerbado y estricto, se ha pasado al extremo contrario, a auténticas muestras de libertinaje. La sociedad actual está sexualizada hasta límites muy elevados. La publicidad utiliza el sexo para vender cualquier producto; los jóvenes reclaman más educación sexual, más libertad para expresar su sexualidad, los padres se encuentran sobrepasados al darse cuenta de que les falta mucho por aprender, las autoridades políticas y religiosas chocan en sus concepciones y en sus respectivas posturas sobre la sexualidad… y la ignorancia o la confusión son algo generalizado.
Este primer fondo respecto a temas sobre la sexualidad, es la introducción a una serie de publicaciones que iré haciendo paulatinamente. Les agradeceré enormemente que dejen sus comentarios, expongan sus dudas, me den sus opiniones, a fin de lograr ampliar horizontes y poder ayudar a los demás.
En muchas ocasiones reprimida, criticada, estigmatizada y considerada incluso como tabú por ultrareligiosos, conservadores, fanáticos y por ciertos sectores de la sociedad, en nuestros días la sexualidad (y esto para nadie es un secreto aunque algunos prefieran ignorarlo o no darse por aludidos), vive una etapa de práctico desenfreno, se ha vuelto una obsesión para muchas personas y, de un puritanismo exacerbado y estricto, se ha pasado al extremo contrario, a auténticas muestras de libertinaje. La sociedad actual está sexualizada hasta límites muy elevados. La publicidad utiliza el sexo para vender cualquier producto; los jóvenes reclaman más educación sexual, más libertad para expresar su sexualidad, los padres se encuentran sobrepasados al darse cuenta de que les falta mucho por aprender, las autoridades políticas y religiosas chocan en sus concepciones y en sus respectivas posturas sobre la sexualidad… y la ignorancia o la confusión son algo generalizado.
La hipersexualización de nuestra sociedad, que va íntimamente unida a muchos problemas relativos a la sexualidad de los hombres y las mujeres, es una consecuencia clara y directa del mal llamado ‘progreso’, del auge de la civilización industrial, cada vez más competitiva y exigente, del ‘amontonamiento’ de los seres humanos en enormes metrópolis. Los seres humanos nos hemos olvidado de cómo era la vida hace apenas algunas generaciones, la vida en zonas rurales y campesinas donde primaba el contacto con la Naturaleza, los valores de lo auténtico. Ahora hombres y mujeres trabajan en grandes urbes casi como esclavos. Hemos construido nosotros mismos, o hemos aceptado que nos las construyeran, auténticas oficinas-prisión, auténticas fábricas que nos esclavizan. Hemos logrado crear una sociedad industrializada y tecnificada, con la idea -profundamente equivocada- de que gracias a ella viviríamos mejor. Y lo único que hemos logrado ha sido que esta misma sociedad industrializada, para maximizar nuestro rendimiento tanto de productores-trabajadores como de consumidores de todo cuanto esa sociedad nos ofrece, estableciera toda una serie de normas -por supuesto no escritas-, de condicionamientos, de nuevos roles, según los cuales nada debe distraer al productor/consumidor (o sea, cada uno de nosotros) de su tarea, nada debe ralentizar ni impedir que llegue a los máximos niveles de productividad para lograr así su máximo rendimiento (para explotarlo al máximo, en otras palabras). Hombres y mujeres nos hemos enclaustrado en esa escala de valores erróneos, deshumanizándonos cada vez más.
¿Qué le queda entonces, a ese hombre o a esa mujer, para mantener despierto un mínimo de su interés, de su ‘humanidad’ en todo el sentido de la palabra? No es la cultura, ni el deporte, aunque este último tenga un gran poder de convocatoria de masas… Es el sexo, la necesidad del sexo, la práctica del sexo. Cine, televisión, espectáculos, tienen al sexo como algo omnipresente. El sexo parece ser para el hombre y la mujer del siglo XXI una de las pocas maneras de escaparse, de evadirse del aburrimiento, del tedio y del cansancio y, por qué no decirlo, de las penas y decepciones que les causa la rutina del trabajo cotidiano, que los absorbe y esclaviza en gran medida…
Estamos asistiendo, por tanto, a una fuerte sexualización de la cultura. En nuestro mundo, por todos los medios posibles y, especialmente, los de comunicación social estamos siendo bombardeados por una fuerte corriente de libertinaje sexual desenfrenado con incentivos provocadores y evocadores de una vida sexual en aparente libertad que invitan a vivir un estilo de vida libidinosa y sin ningún reparo en el auténtico contenido de la sexualidad. Y digo en aparente libertad porque la sexualidad, así vivida, esclaviza y, lejos de humanizar, deshumaniza, reduciendo al ser humano a objeto de sus instintos y pasiones sexuales que busca satisfacerlas por cualquier medio y de cualquier forma.
Con todo esto, el culto al cuerpo se abre paso y se impone como la medida rectora para la convivencia social. Es de tal dimensión su influjo que de ello depende la aceptación o no aceptación de muchos en el círculo de “amigos”.
Por su parte, los Gobiernos de muchos países piden “Libertad” completa para que cada uno viva la sexualidad como quiera. Así, nos encontramos con grupos radicales feministas, machistas, gay’s, lesbianas, etc. Parece que los conceptos de Hombre-Mujer originales se diluyen en una gama de ofertas y dan paso a los de Homosexual, Bisexual, Transexual y todas las denominaciones posibles, tanto en hombres como en mujeres.
Es común escuchar frases tales como: “Eres libre”, “Lo puedes hacer”, “Haz la prueba”, “Como si no fueras normal”, “Eso es normal”, “No es pecado”, etc., refiriéndose a la actividad sexual. Ahora surge la pregunta: ¿Y las relaciones sexuales, entonces qué? Será este el tema de la próxima publicación. Te invito a que juntos ampliemos horizontes y busquemos respuestas a las interrogantes.
2 comentarios:
Salve!
Sono un ragazzo, non so parlare spagnolo mà lo capisco. Ho letto la tua publicazione e me sembra bene. Penso che hai ragione nella tua visione. Ti ringrazio. Non ti conosco, mà penso che sei molto bravo. Ti auguro un buon futuro e voglio seguire le tue publicazioni.
Ti scribo dopo al tuo mail
Il mio nome, Francesco.
Reynaldo, en lo tocante a este tema, considero importante evitar los extremos, licencia desordenada por un lado y escrúpulos por otro, que siempre acechan nuestros pasos de conducta. Podemos y debemos aclarar la visión verdadera de sexualidad que ha sido eclipsada por el bombardeo mediático continuado, que has expresado muy bien, y la repetición insistente que nos han llegado de muchos desde nuestra niñez. Hay un documento del Pontificio Consejo para la Familia sobre este asunto, despeja muchas dudas. Espero que puedas postear algo sobre el verdadero sentido de la sexualidad, estaré pendiente.
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