miércoles, 8 de junio de 2011

Sexo y Religión

Hace algún tiempo un amigo me pidió que escuchara una canción del grupo Ska-P, llamada justamente así, “Sexo y religión”. Quedamos en que yo escribiría algo a propósito; ahora lo hago.

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Sexo y religión es un binomio que al parecer hodierno nacieron para ser dos paralelos en eterno litigio, sin posibilidad alguna de reconciliación; y lo peor del caso es que son dos dimensiones que su escenario en un mismo teatro con un solo palco: la persona humana, que, muchas veces sin darse cuenta, tiene inscritas en su naturaleza como cualidades innatas tanto el ser sexuado como el ser religioso. Son dos caras de la misma moneda.
El ser sexuado de la persona es la característica determinante y la nota individualizadora que hace de uno hombre o mujer en el plano biológico, psicológico y espiritual, teniendo así mucha parte en la evolución individual y en la inserción en la sociedad; son las dotaciones que el Creador ha inscrito en cada persona humana y el ejercicio de esta facultad es – o mejor dicho – debería de ser la expresión de donación del ser individual para formar una comunidad, la comunidad de amor.
Sin embargo, pese a la grandeza y misteriosidad de tan magnífico don, en la historia, de la cual no escapan nuestros días, se tiende a separar diametralmente la facultad sexual del ser persona, casi como separando el sexo del ser, del ser personas sexuadas. Qué contradictorio, no?
Esta nociva separación ha llevado a etiquetar el sexo con extremos siempre peligrosos que van desde el tabú de la intocabilidad hasta el permisivismo exagerado del libertinaje desenfrenado.
La otra cara de la moneda es el hecho que la persona humana es, por naturaleza, un ser religioso. Es un dato cierto de la fenomenología antropológica del cual nadie puede huir. Muchos, sin embargo, niegan esta dimensión de la persona y, con ello, le niegan la posibilidad de la trascendencia.
El ser religioso da la persona es un dato constatable: muchos dicen no creer en Dios, otros dicen no creer en nada. Pero tano no creer en Algo (Alguien) como pretender no creer en nada (nadie) es tan absurdos como ilógico e irrealizable; pues si no se cree ni se reconoce a Dios como Ese Ser Trascendente, en su lugar se pone cualquier cosa o persona (ídolo) que satisfaga insatisfactoriamente el deseo natural de trascendencia que hay en la persona.
El sexo y la religión son dos caras de una misma moneda. ¿Por qué, entonces, deben estar en litigio? Ni el sexo es un tabú ni la religión una retrógrada opresora, dictadora de leyes ancestrales olvidadas. Por el contrario, el ser religioso de la persona es la posibilidad de una recta y correcta vivencia de la facultad sexual y de su uso.
Por tanto, ni debemos ver la religión como opresora ni el sexo como tabú ni como libertinaje desenfrenado. Son dos dimensiones de la única y misma persona.
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En publicaciones sucesivas espero seguir con el tema. Espero tratar más de cerca los temas que la canción aborda. Dejen sus comentarios e intercambiemos puntos de vista. 

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