
Ante un mundo que poco a poco se va degradando por la inadecuada concepción de la vida y de la dignidad de la persona, ante unas vidas desdichadas que ya no le encuentran sentido a su existencia, ante un grupo de cabezas que se reparten el destino de los pueblos, ante una naturaleza que nos azota con su fuerza, ante la situación dolorosa e, incluso, desastrosa de muchos jóvenes hundidos en los vicios y, más aun, ante un Dios que parece distante de nosotros y que permanece escondido en su cielo sin ver los problemas de los hombres, cabría pensar si ¿la vida todavía tiene sentido?
El sentido de la vida podemos describirlo como la percepción de la trayectoria satisfactoria o insatisfactoria de nuestra vida. Descubrir el sentido de la propia vida es, pues, alcanzar a ver hacia dónde lleva, tener una percepción de su orientación general y de su destino final. La vida tiene sentido cuando tenemos una tarea que cumplir en ella; descubrir cuál es esa tarea es nuestra meta. Esa tarea es la que, al despertarnos cada mañana, nos llena de ilusión para seguir luchando. Pero si, al despertarnos cada mañana, no hay ilusión en nuestra vida, la infelicidad está esperando al pie de la cama y, entonces, comienza la penosa tarea de encontrar un motivo para afrontar la dura tarea de vivir. ¿Dónde comienza la pérdida del sentido de la vida? El comienzo de la pérdida del sentido de la vida es la ausencia de motivación y de ilusión. Si esto falta no hay nada que nos pueda hacer felices.
Cuando no se encuentra el sentido del propio vivir, solo aparecen dos soluciones: una es tirarse al mundo del placer desenfrenado pensando que allí podemos encontrar la felicidad (Esto se llama Atomización de la vida); la otra es pensar que ya nada vale la pena y que nada de lo que hacemos tiene sentido (Esto se llama Nihilismo). Estas dos posiciones a lo que conducen es a la desesperación, pues tarde o temprano nos encontramos con la cruda realidad y, por no enfrentarla, aparece como salida más inmediata la muerte, el suicidio.
Si queremos encontrarle sentido a nuestra existencia, cada vez que nos despertamos hemos de preguntarnos: ¿Qué me importa de verdad?, es decir, saber cuáles son los valores verdaderamente importante para mí, por los que tengo que luchar, es lo que hace posible la tarea de emprender cada día nuestros propósitos. También hemos de preguntarnos: ¿Por qué estoy aquí?; ¿Por qué existo?; ¿Qué debo hacer?
Si tratamos de responder a estas preguntas, nos daremos cuenta que estamos aquí porque Alguien nos ha dado la vida; existimos porque Alguien nos ama y que lo que debeos hacer nosotros es darnos amando a ese Alguien sin medida. Por tanto, el Alguien que le da sentido a nuestra vida se llama DIOS que nos ha creado por amor y para amar. Nuestra vida es un Don y solo la merecemos dándola: Darla a Dios por medio de nuestros hermanos. Solo entonces la vida tendrá sentido… cuando busques sinceramente a Dios y ames a tus hermanos como los ama Dios.
El sentido de la vida podemos describirlo como la percepción de la trayectoria satisfactoria o insatisfactoria de nuestra vida. Descubrir el sentido de la propia vida es, pues, alcanzar a ver hacia dónde lleva, tener una percepción de su orientación general y de su destino final. La vida tiene sentido cuando tenemos una tarea que cumplir en ella; descubrir cuál es esa tarea es nuestra meta. Esa tarea es la que, al despertarnos cada mañana, nos llena de ilusión para seguir luchando. Pero si, al despertarnos cada mañana, no hay ilusión en nuestra vida, la infelicidad está esperando al pie de la cama y, entonces, comienza la penosa tarea de encontrar un motivo para afrontar la dura tarea de vivir. ¿Dónde comienza la pérdida del sentido de la vida? El comienzo de la pérdida del sentido de la vida es la ausencia de motivación y de ilusión. Si esto falta no hay nada que nos pueda hacer felices.
Cuando no se encuentra el sentido del propio vivir, solo aparecen dos soluciones: una es tirarse al mundo del placer desenfrenado pensando que allí podemos encontrar la felicidad (Esto se llama Atomización de la vida); la otra es pensar que ya nada vale la pena y que nada de lo que hacemos tiene sentido (Esto se llama Nihilismo). Estas dos posiciones a lo que conducen es a la desesperación, pues tarde o temprano nos encontramos con la cruda realidad y, por no enfrentarla, aparece como salida más inmediata la muerte, el suicidio.
Si queremos encontrarle sentido a nuestra existencia, cada vez que nos despertamos hemos de preguntarnos: ¿Qué me importa de verdad?, es decir, saber cuáles son los valores verdaderamente importante para mí, por los que tengo que luchar, es lo que hace posible la tarea de emprender cada día nuestros propósitos. También hemos de preguntarnos: ¿Por qué estoy aquí?; ¿Por qué existo?; ¿Qué debo hacer?
Si tratamos de responder a estas preguntas, nos daremos cuenta que estamos aquí porque Alguien nos ha dado la vida; existimos porque Alguien nos ama y que lo que debeos hacer nosotros es darnos amando a ese Alguien sin medida. Por tanto, el Alguien que le da sentido a nuestra vida se llama DIOS que nos ha creado por amor y para amar. Nuestra vida es un Don y solo la merecemos dándola: Darla a Dios por medio de nuestros hermanos. Solo entonces la vida tendrá sentido… cuando busques sinceramente a Dios y ames a tus hermanos como los ama Dios.
“Ser vale más que tener mucho,
querer vale más que hacer regalos,
darse entero como sea y donde sea, es el oro que da peso a tu vida...”
3 comentarios:
Hola ya lei su blog, me gusta mucho leer sus presentaciones porque quiero aprender muchas cosas le agradesco que me invite aleerlas cada vez que las publique porque me sirven de mucho.
Todo lo que escribis me gusta mucho, y lo que más me alegra es que lo podas comunicar con el mundo, espero llegue muy lejos... Segui adelante!!! paco
Hola, duc in altum et laxate retia vestram in capturam...
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