viernes, 8 de enero de 2010

SI LO HACEMOS POR AMOR...

Hace ya muchos dìas que no publicaba nada en este blog. Continuo con la temàtica que estaba desarrollando sobre "Cultura Sexualizada"
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Escuchando el relato de muchos jóvenes que han vivido o que mantienen relaciones sexuales durante su noviazgo, es común escuchar a coro esta justificación: “Lo hacemos por amor”, pero cuando se les interroga si están dispuestos a aceptar las consecuencias de una relación – la procreación y la cohabitación – huyen con una sonrisa disimulada, como diciendo “hoy ya hice y obtuve lo que quería, pero de las consecuencias no me hables…”. Me viene, entonces, en mente: ¿Realmente se hace por amor?

El ambiente en que nos movemos parece que nos grita por activa, por pasiva y – si mas quieres – hasta por perifrástica, un libertinaje desenfrenado de nuestras pasiones, entregando todo tipo de responsabilidad consecuente al “Amor”, bajo la sombra del cual se justifica todo tipo de acciones que, al final, no son amor auténtico, sino búsqueda egoísta de sí mismo, que termina en un fatal desamor. No estoy haciendo con esto una conclusión inclusiva y general. Casos habrán en que no es así; aquí hablo solo de lo que “generalmente” sucede.

Cuando se trata de justificar una relación sexual en el noviazgo, es el amor quien paga todo; pero, qué triste realidad se constata que al final – generalmente – terminan separándose y el “amor” bajo el cual se había “hecho el amor” se convierte en un “si te vi, no me acuerdo” o aversión hacia la otra persona y que, en último término, pone en evidencia que no se trataba de “hacer el amor por amor” sino porque quería aprovechar la circunstancia para descargar las pasiones. Si fuera amor verdadero, no tendría que terminar. El amor no es un par de calcetines que te pones en la mañana, los uso durante el día y me los quito en la noche. Eso solo se hace con las cosas desechables; no así con el amor.

El amor conlleva la firme realización personal mediante la entrega recíproca a la persona amada, plenificándola en su bien y portándola a su realización personal por el don de sí.

Vale la pena esperar. Paga el precio de tu virginidad a la persona con quien estés seguro, segura, que te ama no solo para el “rato” sino para la vida; a esa persona que quieres como madre, padre de tus hijos; a esa persona con quien estas dispuesto, dispuesta a vivir toda la vida en comunidad de amor.

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